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Clarisse Mesa es estudiante graduada en la Universidad de Pensilvania, fue maestra en Filadelfia, y es miembro de la junta de editores del Notebook.
Ros Purnell, otro miembro de la junta editorial, también contribuyó a este artículo.
Traducción por Mildred S. Martinez.
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Maestros: no hay suficientes recursos para ayudar a los estudi antes que empiezan a desinteresarse
Falta de apoyo a los estudiantes vista como clave al problema del abandono escolar
por Clarisse Mesa
Tres maestros de escuela superior del Distrito ofrecieron sus perspectivas sobre el problema del abandono escolar en un panel con el Notebook el 2 de agosto.
Juntos, pintaron un cuadro de escuelas que, pese al esfuerzo dedicado del personal, simplemente no están adecuadamente equipadas para trabajar con los estudiantes que están empezando a desinteresarse o ya no asisten a la escuela.
Kathy Brooks es una maestra de educación especial de noveno grado y senior sponsor en Fels. Michael Spangenberg ha sido maestro de inglés y roster chair en FitzSimons y Rhodes. Geoffrey Winikur, que antes enseñaba en Gratz, es ahora maestro en la Escuela Superior Parkway de Paz y Justicia Social.
Estos tres maestros fueron invitados a participar por sus funciones como maestros líderes, su experiencia en la enseñanza, y su deseo de hablar sobre la juventud que no asiste a la escuela con el Notebook.
Falta de interés, falta de apoyo
Brooks notó que los estudiantes que saben que van a ir a la universidad “van a la clase de Historia Mundial, aunque sea aburrida.” Sin embargo, los maestros que participaron estuvieron de acuerdo en que muchos estudiantes en las escuelas del Distrito no ven la labor escolar como algo de significado o relevancia en sus vidas.
Mientras tanto, algunos estudiantes son influenciados por incentivos fuera de la escuela y se ven tentados por situaciones que logran más rápido lo que ellos quieren, señalaron los maestros. “Uno (de mis estudiantes) estaba ganando dinero – un poco en la esquina, otro de manera legítima,” dijo Winikur. “Su mamá ya no quiso obligarlo más a que se quedara en la escuela, y él pensaba que podía tener éxito en ese mundo.”
Por otro lado, muchos estudiantes saben que la educación es poder, pero no creen que ellos puedan adquirirla, notó Spangenberg. Estos estudiantes pueden haber tenido poco o ningún éxito en la escuela y “no pueden hacer lo que necesitan.”
Spangenberg habló del aumento en expectativas y requisitos de crédito en la escuela superior. “Cuando se les empieza a exigir un nivel que no se les pidió en escuela intermedia y no pasan de grado se frustran, y ahora están en una edad en la que ya los padres no pueden impedir que se vayan (de la escuela),” dijo él.
En la escuela superior, los estudiantes enfrentan un mayor nivel de expectativas y también menos apoyo. Brooks observó que los maestros necesitan mostrar interés en los estudiantes de manera individual, pero los participantes estuvieron de acuerdo en que, “Es imposible prestarles atención a todos.” Los consejeros tampoco pueden prestarle atención a cada estudiante.
“Para los consejeros es difícil dar seguimiento,” dijo Spangenberg. “Los consejeros terminan siendo trabajadores sociales, y ya tienen suficiente trabajo. Ellos visitan los hogares, pero es difícil porque hay demasiados estudiantes fuera (de la escuela).”
En muchos casos, observó Winikur, “los problemas de salud mental (de los estudiantes) no reciben ninguna atención.”
Y el apoyo que necesitan los estudiantes con este tipo de problema no siempre está disponible en el hogar tampoco. Aunque Brooks mencionó el amor de los padres hacia sus hijos, también notó que los padres no siempre saben qué hacer cuando los hijos están portándose mal o de manera no apropiada.
“La mayoría de los padres se alegran cuando los llamo. Yo trato de decir cosas positivas a la misma vez que digo cosas que no son tan positivas,” dijo ella. “No es una guerra entre ellos y nosotros,” añadió, notando que la clave para el éxito de los estudiantes es fomentar relaciones individuales entre maestros, estudiantes y padres.
Se nos están escapando
Estadísticamente, los estudiantes de noveno grado tienen el mayor riesgo de abandonar la escuela. Los participantes dijeron que batallan con matrículas que siempre están en descenso y estuvieron de acuerdo en que no tienen manera de saber dónde están los estudiantes que faltan.
“Como maestra en el salón de clases, no tengo el privilegio de esa información,” dijo Brooks. “Si un estudiante se ausenta de mi clase por un tiempo, me llega una nota de baja. Si se añade un estudiante a la lista, me llega una nota de alta. Eso es todo.”
Spangenberg observó, “Es difícil decir porqué dejan de venir, pero siempre hay menos estudiantes cuando termina el año. Yo he empezado el año con 33 en mi salón y terminado con 22.”
Los participantes compartieron historias de estudiantes con un historial crónico de ausencias y expresaron frustración por la falta de tiempo y recursos para resolver el asunto.
Spangenberg habló de una estudiante que faltó a la escuela por más de un mes porque la mamá no venía a rematricularla después de ser suspendida en marzo. “La mamá estaba frustrada porque era la tercera suspensión (de la estudiante),” dijo Spangenberg. Varias semanas después, alguien finalmente visitó el hogar y trajo a la estudiante a la escuela para que tomara el examen PSSA.
Es labor de todos
Cada maestro describió casos de estudiantes que se resolvieron con éxito, en base a las relaciones individuales con ellos. Todos estuvieron de acuerdo en que la comunidad escolar completa– desde administradores, maestros y personal de apoyo hasta los estudiantes y padres – tiene que dedicarse a resolver el problema del abandono escolar. Los maestros entrevistados pidieron recursos para satisfacer las necesidades de los estudiantes a quienes sirven – entre éstos, atención de salud mental y apoyo académico.
“La mayoría de los maestros que toman en serio su profesión tratará de hacer lo mejor para el niño,” dijo Winikur. “Si, por ejemplo, un estudiante no tiene una buena relación con un colega, podríamos mover al estudiante al salón de otro maestro.”
Pero todos opinaron que el ‘Proceso Completo de Ayuda al Estudiante’ que tiene el Distrito (Comprehensive Student Assistance Process, o CSAP) – y que las escuelas inician para los estudiantes que exhiben problemas de asistencia, académicos o de conducta – no es tan completo. “Los maestros no confían en el proceso (CSAP) ni los estudiantes tampoco,” declaró Winikur. Los maestros llenan papeleo y documentan intervenciones pero no hay nadie responsable de establecer ni dar seguimiento a un plan, dijeron.
La falta de recursos y tiempo son factores limitantes significativos para el personal escolar. “Me gustaría pensar que los maestros lo pueden hacer solos, pero es mucho más grande que eso,” declaró Brooks.
Spangenberg señaló que no dar seguimiento a los estudiantes parece estarse convirtiendo en la práctica normal.
Los participantes concordaron que los estudiantes están abandonando la escuela por una variedad de razones, y sin suficiente intervención para que sigan asistiendo.
Brooks advirtió el costo de no enfrentar el problema: “Es mucho más difícil conseguir empleo cuando no se ha completado la escuela superior,” dijo ella.
Preguntó entonces, “¿Qué tipo de trabajo van a tener estos niños?”




